Hasta ahí podíamos llegar... Era todo un contrasentido que alguien que no calla ni debajo del agua fuera a convertirse en el último individuo de un país razonablemente desarrollado que no tuviera su propio blog. De modo que, con el loable propósito de subsanar tan clamorosa anomalía, me he animado a dar el salto y me he blogizado yo también.
Como es natural (y terapéutico, espero) utilizaré este rinconcito del ciberplaneta para exponer las reflexiones que solía infligir a los sufridos miembros de mi famila, quienes desde hace tiempo me amenazan ya con el suicidio colectivo si no dejo de darles la paliza.
Así pues, sirva este texto como presentación y aviso para quien quiera pasearse por estas páginas.
Salud.
Diego